A los que cantan la canción analfabeta (por la lucha de los pueblos originarios)

Author: Javier F. Noya /

Ellos tocaban los sueños
como un niño a su aventura de la siesta.
Tenían permiso de las estrellas
para hospedarse bajo su luz
y del sol para caminar el mundo.

Pero las verdades del verdugo...
la crueldad
del que pisa ignorante de lo pueril que es su tiempo...
¡Soberbia humana que provoca venganza!

El yerro nos distingue
de bestias y ángeles y demonios.
El yerro cegador del horizonte largo
que deja huella de mundo humano
en el aletear de las nubes
y un aire extraño ahoga,
y un terruño estéril calcina
y se hace hogar esta nueva impudicia.

Pero esta tierra maniatada,
parcelada con registros y prebendas
no parece olvidar a la auténtica poesía.

Canta entonces la voz de sus hijos
que la tranquera acusa de brutos
y de canción analfabeta.
La alambrada y el trépano
cargan las armas para resistir la marcha
que sabe ser suplicio:
los brutos recitan y riman
entre silbidos de balas, pisando incendios.

Y se abre paso la huella
en la espesura de la falacia
que lee libros piadosos
y pretende prohibirles su canto.

Todo catecismo nace
para comulgar con las monedas
comprando la fe a cambio de lo que se debe creer:
sólo es el que posee.

Pero a los que aman
se les niega el dominio de su miedo
y se les da señorío de sí mismo.

Y la lucha por la tierra
combate el artilugio del valor de la renta:
es el duelo
entre el odio y el amor,
entre la hembra fértil
y el semen de la muerte.

Y con sus cantos de bruto mineral
con su paso de pasturas peinadas por el viento
acampan en el piso del avaro
y resisten la codicia
                               para sembrar la vida.


4 comentarios:

Horacio Beascochea dijo...

es el duelo
entre el odio y el amor,
entre la hembra fértil
y el semen de la muerte.

muy bueno.

Abrazo

TORO SALVAJE dijo...

Envidio a los que aman...

MAR dijo...

APLAUDO TU PRECIOSO POST.
Yo, amo a los niños, la luz de la vida.
RESPETO, AMOR Y JUSTICIA PARA ELLOS.
Un abrazo grande para ti.
mar

LA ZARZAMORA dijo...

Sigamos sembrando vida siempre...
Un besazo, Javier.

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