La balada del pibe eterno

Author: Javier F. Noya /

Mientras la tormenta adelanta la media luz del crepúsculo, mis intenciones se sientan en la mesa que reposa perenne contra el ventanal. Pido un café y el coñac me pide a mí. Sonrío acordándome de Julio, de sus modelos para armar y del libro que Manuel quizá haya leído, o al menos se haya enterado de esas meditaciones frente al café y el coñac que le dieron forma, en un irrelevante otro tiempo y lugar. En la barra reposa el pibe eterno; festeja sus treinta años desafiando el cilindro de traslúcido ámbar con un chorrito de soda. Para él, la base de grueso vidrio deforma la melancolía y hay que llegar hasta ahí. Caen las primeras gotas y el viento arremete con esporádicos empujones. Una mano rematada en cinco ruegos trata de protegerse de la lluvia y de la indiferencia bajo la marquesina del bar. Entra la mujer santa (mantener inmaculado su peinado lacio y caoba, con esta tormenta, es atributo de la santidad) protegida por su piloto púrpura y botas de otro color. El mozo le agrega espera a la lentitud y deja que la bandeja descanse a su lado. Alguien que mi interés descarta estaría sentado en otra mesa, más en el centro, dejándose seducir por el paso de la mujer santa y la somnolencia. Ella se sienta en la barra donde recala otro vaso de blanco, con un chorrito de soda, para el pibe eterno. Sus brazos se baten en el vacío de la incipiente penumbra: no puede saber aún cuál es su alcaloide preferido y pide un Spritz. Conversan sin dialogar. Él intenta que su silencio, en aparente interés, le devuelva el placer de sentirse erguido y triunfante. Ella espera que una carta del Tarot o una moneda puesta en una maquinita le alivie el destino. Otro café, pido yo. Otro Javier, pide el coñac. La lengua del pibe eterno olvida su lugar y se deja llevar por las olas de la borrachera. La mujer santa, mostrando como otro de sus atributos la compasión sublime, ríe y ríe siguiendo el vaivén. Otro Spritz llega cansino, apremiado por el aguacero. Ella ríe con más agudeza hasta parecer un chillido y toma un brazo del pibe eterno. Él arriesga el momento desplazando el vaso vaciado por cuarta vez para tomar los brazos de ella. La mujer santa, riendo, chillando, se deja olfatear de cerca.

Siempre pasa lo mismo cuando la humedad detiene su tránsito para reposar en esta ciudad. No sé por qué es una de sus preferidas. Impregna todo con su evanescencia, su continuo pasar, hasta que lo concreto también pretende olvidar su razón de ser, seducido por ese ánimo viajero. Y el piso de baldosas del bar es el primero en anotarse, quizá motivado, además, por nuestro permanente andar de paso por allí. Ni los truenos pudieron disimular el estampido de la banqueta contra el suelo, ni el ruido grave y profundo de la cabeza del pibe eterno chocando contra la cerámica. Siempre lo mismo: todos nos paramos, el mozo busca consuelos de hielo y la mujer santa disimula su compasión con muecas de asco. El pibe eterno espanta a la gravedad y se va por el camino más largo, siguiéndolo casi a ciegas entre las mesas. La lluvia lo olvida. La mujer santa, busca pastillas en su cartera, espera otro Spritz y se asusta con el silencio; le da la espalda al ventanal, a mí, a la confianza, a la esperanza. Otro café, otro Javier.

Mis deseos se quedan mirando por la ventana. Todavía esperan.

29 comentarios:

Eleanor Smith * dijo...

Qué hermosa imagen de bar!
Tenes el don de meterme en la historia y olvidarme de mí al momento de leerte (eso lo consiguen los GRANDES).
Sos otro enorme talento que admiro y respeto *

Un beso o 2 !

Edurne dijo...

Huy, huy huyyy, pero cómo me ha gustado este intermezzo entre los deseos y la realidad... y mirando por la ventana!

Te aplaudo porque me ha parecido un ejercicio de suma inteligencia, éste que has hecho.

Me ha gustado muchísimo, de verdad, que no es coba, me ha gustado poder ver con mis propios ojos a esa mujer santa, al pibe eterno, al mozo del bar, a Javier pidiendo un café y al coñac pidiendo otro Javier! ;)

Muy bueno, sí señor!

Un besote!
;)

Jabo dijo...

Me ha parecido por un momento.. que estaba yo allí metido,en la historia.
Querías creatividad?. Pues chico... sigue asi, anda.
Muchas gracias por tu espléndido relato.
Un fuerte abrazo. Jabo

Marisa dijo...

Excelente observador de acontecimientos, espléndido narrador de situaciones. Los mejores escritores realistas del siglo XIX e incluso algún romántico como Larra en su vena costumbrista, se sentaban a ver pasar la realidad; la mejor película de la vida es la que tu observación, ingenio y creatividad pueda conseguir al unir esos fotogramas vitales. Y tú, javier, lo has conseguido con creces.
Mi enhorabuena. Me ha gustado.

Un beso y buen domingo desde tu ventana.

Horacio dijo...

Bello relato, como buen narrador, lograste que estuviera ahí, sentir esa mezcla de conmiseración o ternura que pueden tener las relaciones en un lugar habitado por extraños que comparten unos tragos mientras buscan algo de compañía para su soledad.

Abrazo

Anónimo dijo...

Javier, tus textos son de alto nivel y con cierta confianza permíteme unos apuntes distendidos.
El escenario parece planteado como un retablo de contrastes sinalagmáticos, no sólo en cuanto al rítmo y la visual(dinamismo en la intemperie mediante la tormenta y la lluvia que derraman, que caen y crean recíprocamente una sensación de cápsula en el interior del bar donde todo gravita sin precipitarse), sino que hay una dualidad emocional entre ambos "mundos", la necesidad de que fluya el recuerdo versus el sentimiento nostálgico materializado en la barra.
El desdoblamiento entre los dos Javieres es magistral, conseguido con coñac y café siendo la "metonímia" del coñac pidiendo un café la que confiere involuntariedad. Y esa nebulosa de identidades parece conseguirse como una disolución que orbita en círculo, me recuerda a ese pequeño tornado líquido que lento y desincronizado nace cuando removemos enérgicamente el café con la cucharilla. He visualizado perfectamente los dedos de Javier como sujetaban el metal como un molino de acero nostálgico que mira a través de otras córneas.
La entrada en escena de la santa "una mano rematada en cinco ruegos" es sublime, mostrando la parte por el todo, enseñandonos el relato una actitud existencial a traves de la extremidad...

Javier, me gustaría continuar el análisis (si no causo molestia lo haré).

Besos.

Gabriela Amorós (he tenido que hacer el comentario como anónimo debido a un problema en mi perfil)

(gracias por tu alentadora visita)

VeroniKa dijo...

Postal de mortales que convertimos en eternos seres tristes y solitarios.
Postal porteño.
De bar con vasos verdes de vidrio grueso.
Despues de tantos cafés y cognac todo se convierte en una película donde los protagonistas los elegimos nosotros mismos.

El Gaucho Santillán dijo...

Excelente.

Que buenas imàgenes. Es una escena que dura solo minutos, pero la has transformado en un relato perfecto.

Me dio pena el "pibe eterno".

Un abrazo.

Palabras como nubes dijo...

Muy bueno! Creaste un clima tan íntimo que hasta me sentí una intrusa mirando las imágenes, me encantó.

Saludos
J&R

TORO SALVAJE dijo...

Gracias por compartirlo.
Tengo la sensación de que yo también estaba en el bar aunque un poco escondido.

Saludos.

GABU dijo...

Que perfecta simetrìa has compuesto en el escenario de esta vida que muchas veces vivimos como desapercibida...

P.D.:Somos una composiciòn de minùsculas y eternas insatisfacciones dispuestas a ser moldeadas dìa a dìa...

BESITOS PERENNES ♣

FEDORA dijo...

Genial!!!!
Me senti en el bar, en un dia humedo y melancolico, como tantos que nos toca vivir a los de por aqui...
Besos y mi admiracion!!!!

Rayuela dijo...

aplausos,maestro!!!

(me quedo leyendo otra vez, pensando, sabiendo, que sos un capo,che.)

besos*

SUSANA dijo...

La balada del pibe eterno se baila con Vos y a tu ritmo. Apretás inesperadamente, por ahí nos soltás de la mano, para volver y sorprendernos con un paso nuevo, una nueva vuelta de tuerca, el giro nunca inocente y menos aún previsible. Bien Javier, Muy bien! Un abrazo mi Amigo!

MTeresa dijo...

Tus letras rezuman literatura,
sabes comunicar y empatizar,
me encantan tus relatos
un abrazo

Ginebra dijo...

Consigues que se sienta de cerca ese momento que describes…

Siempre quedarán deseos tras la ventana, esperando…

Un placer leerte amigo

Bsos ;-)

DANI dijo...

Joder, menudo retrato, hasta he podido oler el perfume de esa Santa, mezclado con tu coñac.

Un abrazo maestro

La sonrisa de Hiperión dijo...

Amigo, de nuevo por aquí. Como siempre un placer pasar por tu espacio. Pasa un buen fin de semana.

Saludos y un abrazo.

Gabriela Amorós dijo...

... El pibe eterno reposa y al mismo tiempo desafía pero lo hace frente al mecanismo repetitivo de su costumbre o el vaso, está anclado a su propia pausa.
"Alguien que mi interés descarta estaría sentado en otra mesa..." me aparece fantasmagóricamente disuelto en la narración como una nostalgia deformada en el interior de la primera persona narradora.
La "compasión sublime" como atributo aprovecha el impás para dejarse llevar.
Y cuando el cénit del sueño parece consumarse todo se derrumba de nuevo, pero de la misma forma, con el pibe eterno eseando el camino y la mujer santa sin enfrentarse a sí misma, asustada de la verdad que deja al descubierto el silencio.
Otro café, otro Javier... parece que su evasión se sincronice con la de la mujer.

Tu prosa es un regalo, gracias Javier.

Besos (ahora sí con mi perfil en condiciones)

Jorge Ampuero dijo...

Exquisito relato. Veo como vas madurando el discurso en el sacrificado arte de las palabras, enhorabuena!

Saludos :)

Luisa Arellano dijo...

¡Maravilloso!

Es un relato para tomar lecciones de él.

Mi aplauso a tu obra y felicitación tardía por el martes trece ;)

¡Eres un lujo, compañero!

Yoni Bigud dijo...

Otra vez, y como siempre, muy interesante su forma de describir. Felicitaciones a usté.

Un saludo.

Rossina dijo...

Muy genial lo suyo.
Bien merece un par de leídas más.
Que "EL OTRO" nos acompañe no es mala opción.

zayi dijo...

Un texto grandioso Javier. Me gusta la cantidad de detalles y sentimientos que lleva impreso cada escrito que publicas. Tu bar es el bar de cualquiera de nosotros, sólo que mientras nosotros bebemos y no miramos, tus ojos van descubriendo poco a poco cada historia que allí acontece. Que divino!
Un beso

Rossina dijo...

VOLVI POR ESE PAR DE LEIDAS DEL QUE LE HABLABA, Y YA ME DETENGO Y LE PREGUNTO MAS DETALLES DE JULIO EN ESA MESA.

Javier F. Noya dijo...

Rossina: Julio es ese momento de diálogo atemporal que, creo, se produce en nuestras mentes. En el pensamiento espontáneo (algo que trato de explorar en mi escritura, y por eso parece un poco desordenada) no hay lógica en principio. Pero yendo a la respuesta, Julio es esa evocación que frente a un momento nostálgico (estar sentado en una mesa, en un bar, un día de lluvia) tiene que ver con situaciones descritas por Cortázar en el Libro de Manuel, donde transcurren en bares, frente a café y coñac, distintos dilemas, ya sean sentimentales, o de participación política. De allí que las intenciones, algo cansadas se sientan y ocurre todo lo demás. Es un homenaje a ese gran escritor, quien me marcó profundamente, en muchos sentidos. Besos.

Ophir Alviárez dijo...

Pude verme ahí, nada santa pero a gusto entre tus letras...

Abrazo!

Ophir

El Mostro dijo...

Me encantó.

¡Cuanto hacía que no venía por acá!

Mixha Zizek dijo...

excelente texto, super interesante, besos

Publicar un comentario