Unos labios ajados
por tantos besos perdidos
tejía con la humedad
de este otoño de plomo
frases que, por su peso,
caían al vacío ni bien
traspasaban la ventana.
Sólo una,
remando con su propio lamento
y protegida por la niebla del tabaco,
quedó suspendida
en la deriva del cristal:
"llueve tanta melancolía...
y yo sin parapenas".